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Luis Carbajo Ordoñez, autor de la agresión al Gran Poder, es funcionario de prisiones. Y dudo mucho que sea realmente un maníaco como a mi modo de ver apresuradamente se ha dicho en los medios de comunicación desde minutos después del atentado del pasado domingo. Por Augusto Plasencia
Más que nada porque un perturbado difícilmente se iba a sacar una oposición de 95 temas como la de funcionario de prisiones; o al menos no en la definición de perturbado que yo manejo. Estos hechos no se pueden considerar aislados excepto para aquellos para los que interesadamente, nunca pasa nada digno de reseñar: agresiones a nazarenos, constantes burlas en internet, medios de comunicación o incluso en exposiciones pseudoartísticas financiadas con fondos públicos. Por no recordar la agresión al Cristo de los Afligidos de San Juan de la Palma o el lanzamiento de huevos a la procesión de la Virgen del Amparo. Efectivamente, ya no estamos ante la sociedad 90% creyente y católica que a la Jerarquía eclesiástica le gustaría tener; con escaso margen de error me atrevería a definir la sociedad española de primeros del siglo XXI como una de las más hostiles del mundo desarrollado hacia el hecho religioso. Ya no sirven como argumentos ni el número de bautizados, ni mucho menos el de participantes en procesiones religiosas o miembros de estas cofradías, pues muchos, muchísimos de estos andan desde hace un tiempo instalados en el laicismo militante. El laicismo no es de derechas ni de izquierdas y existe en países ideológicamente de ambos signos; un laico puede ser creyente practicante de cualquier religión y por otro lado un agnóstico puede también ser tan "ateo por la gracia de Dios\ como tantos que existían en los tiempos de Antonio Núñez de Herrera y con tanta gracia describió en su \Teoría y Realidad" Pero no debemos olvidar que las cofradías nacen y tienen su hábitat natural en una sociedad no necesariamente confesional ni incluso integrada mayoritariamente por católicos pero sí culturalmente de signo católico. En una sociedad plenamente aséptica en lo relativo al hecho religioso y en la cual todas las confesiones tienen el mismo tratamiento, las cofradías y en general las manifestaciones religiosas tienden a desaparecer por cuanto suponen una ocupación de la vía pública por fieles de una determinada religión, cuyo culto si bien tolerado por el Estado debe desarrollarse dentro de los templos, financiados exclusivamente por las cuotas de sus fieles o adeptos. Este es el caso de Estados Unidos,de Francia o de Alemania, países desarrollados sin duda, donde no existe nada que se parezca a la Semana Santa. Y son precisamente esos laicos desde dentro de las cofradías los que se apresuran siempre a minimizar y restar importancia a los ataques a las cofradías como si fueran hechos aislados y apresurarse a quitarles hierro. Aún desde el respeto a la postura de estos laicos, debemos recordar que si hubiera sido por ellos, nuestras cofradías hubieran desaparecido más de diez veces entre los dos siglos anteriores y el actual. |